Nuestro regalo de Navidad lo encontraras al final del post, es uno de los libros que mas me ha ayudado, escrito por uno de mis mentores favoritos Álvaro Mendoza, “8 REGLAS DE LOS EMPRENDEDORES EXITOSOS”,  pero antes quiero compartir contigo este mensaje.

Este mensaje me lo envío Alvaro hace 3 años y hoy quiero que sea para ti…

¿Sabes qué es lo que más me gusta de la Navidad? Que, no importa qué edad tengas, siempre despierta ese niño feliz que hay en cada corazón. Sí, aunque nos invade la nostalgia, priman la alegría de estar con los seres queridos, la emoción de la Nochebuena, la calidez de los mensajes de los amigos y, por supuesto, las bendiciones de la vida.
 

Es un día en el que hay que liberarnos del lastre de la vida cotidiana: preocupaciones, miedos, fracasos, deudas, decepciones, traiciones, frustraciones… Esa es la vida cotidiana. Sin embargo, la Navidad es para sonreír, para disfrutar, para compartir, para festejar. Porque, más allá de las dificultades que hay en el camino, la vida es un carnaval.

2020 ha sido un año difícil. Para ti, para mí, para muchos, la pandemia mundial nos ha cambiado, nos ha golpeado fuerte pero también nos ha enseñado muchas cosas.

En este año hemos tenido Problemas y dificultades por doquier. Pero, también alegrías y satisfacciones a borbotones. La vida nos puso a prueba y también nos ofreció nuevas oportunidades. Y al final, la balanza se inclinó del lado de lo positivo, porque llegamos a esta Navidad con vida y rodeados de aquellos que amamos.

 

A veces no es fácil digerirlo ni aceptarlo, pero estos obstáculos son parte del proceso. Una muy importante, además: la que mayores y más valiosas enseñanzas nos deja. Y nos da la oportunidad de saber con quiénes contamos, a quién en verdad le importamos, en quién podemos depositar nuestra confianza, con quién podemos caminar la vida.

 

Cuando esta Nochebuena te sientes a la mesa, olvídate de cuanto ocurrió en el último año. Haz un esfuerzo por enfocarte en disfrutar el momento, la invaluable compañía de tus seres queridos y la posibilidad de disfrutar una comida juntos. Esa, créeme, es la mayor riqueza que puedes atesorar, el mayor éxito que puedes alcanzar.

Despierta a ese niño que hay en tu corazón y recuerda cómo gozabas la Navidad en esa época. Y con la ingenuidad, la sencillez, la humildad y la alegría de ese chiquillo, vive esta fecha con intensidad, con gratitud. Despierta a ese niño porque tú eres más grande que tus problemas y más fuerte que tus miedos, y más poderoso que cualquier obstáculo.

 

Cuando esta Nochebuena te sientes a la mesa y te veas rodeado del amor de tus mayores tesoros, de tu familia, no olvides agradecerle a la vida tanto que te ha dado. Y disfruta, ríe, llora de alegría, abraza con fuerza, canta con energía, cánsate de ser feliz. Esa es, sin duda, la actitud que la vida tarde o temprano te premiará con eso que tanto deseas.

 

Cuando esta Nochebuena me siente a le mesa rodeado de mi familia, levantaré mi copa de vino y le agradeceré a la vida por haberte puesto en mi camino. Tu lealtad, tu coraje, compromiso, tu esfuerzo, tu valentía, tu resiliencia, tu fe y tu pasión son inspiradores y enriquecedores. Gracias por ser parte de mi vida, de mi trabajo, de mis sueños.

 

Me considero inmensamente bendecido si de alguna manera pude ayudarte este año y si la vida me permite seguir a tu servicio en el año que viene. Sin embargo, mientras llega ese momento, te invito a que disfrutes esta Navidad, la fecha en que somos felices porque otra vez somos niños, porque es un día para compartir y compartir es pura felicidad.

 

¡Feliz Navidad!